Diego quiso cortarse el cabello, según él para quedar "más guapo" para su encuentro de la tarde. Lo acompañe para conversar un rato, ya que era temprano y no habia mucho por hacer. Llegamos a la peluquería, un lugar muy querido por mi. Marcela empezó a darle forma a su cabeza... necesitaba un corte con urgencia a mi parecer.
La conversación iba muy amena, los 3 reíamos de las ocurrencias de mi querido amigo, pero habia algo que a él le inquietaba un poco... Una vitrina. Las chicas de la peluquería querian armarla, pero estaban más cerca de destrozarla que otra cosa. Entonces Diego, muy amable, se ofreció a ayudarlas luego de terminado el corte (claro, tenía que verse en el espejo mil veces para convencerse que "ese" era su estilo).
Empezamos a ver el modelo, las instrucciónes, todo, para empezar a armar la bendita vitrina. No era una cosa del otro mundo, solo se tenía que usar un poco la cabeza. Las cosas iban bien, yo trataba de ayudar en lo que me dejaba, pero no estabamos solos, había una señora muy amable que trataba de hacer más divertida nuestra tarde.
Las risas aparecieron luegos de los comentarios de nuestra compañera, hasta que empezaron a subir un poco de tono: "Hace rato que me estoy mordiendo la lengua para no decir lo que pienso", "Yo tengo una repisa en mi casa, si quieres puedes ir a armarla", "En mi casa tengo una pistola de silicona que te puedo prestar".
Yo me sentía un poco incómoda pero creo que Diego no los veia como una falta de respeto, por el contrario, disfrutaba de las risitas de la "señora".
Terminamos la tarea y nos retiramos. La carcajada dada fue espectacular, no podiamos parar de reirnos. Nos habiamos dado cuenta que la señora estaba usando todas sus armas de seducción sobre mi amigo.
La visita a la peluquería nunca habia sido tan divertida como esa vez.
Creo que Diego seguirá llendo a cortarse ahi el cabello, puede ser que se encuentre de nuevo con su nueva amiga.
La conversación iba muy amena, los 3 reíamos de las ocurrencias de mi querido amigo, pero habia algo que a él le inquietaba un poco... Una vitrina. Las chicas de la peluquería querian armarla, pero estaban más cerca de destrozarla que otra cosa. Entonces Diego, muy amable, se ofreció a ayudarlas luego de terminado el corte (claro, tenía que verse en el espejo mil veces para convencerse que "ese" era su estilo).
Empezamos a ver el modelo, las instrucciónes, todo, para empezar a armar la bendita vitrina. No era una cosa del otro mundo, solo se tenía que usar un poco la cabeza. Las cosas iban bien, yo trataba de ayudar en lo que me dejaba, pero no estabamos solos, había una señora muy amable que trataba de hacer más divertida nuestra tarde.
Las risas aparecieron luegos de los comentarios de nuestra compañera, hasta que empezaron a subir un poco de tono: "Hace rato que me estoy mordiendo la lengua para no decir lo que pienso", "Yo tengo una repisa en mi casa, si quieres puedes ir a armarla", "En mi casa tengo una pistola de silicona que te puedo prestar".
Yo me sentía un poco incómoda pero creo que Diego no los veia como una falta de respeto, por el contrario, disfrutaba de las risitas de la "señora".
Terminamos la tarea y nos retiramos. La carcajada dada fue espectacular, no podiamos parar de reirnos. Nos habiamos dado cuenta que la señora estaba usando todas sus armas de seducción sobre mi amigo.
La visita a la peluquería nunca habia sido tan divertida como esa vez.
Creo que Diego seguirá llendo a cortarse ahi el cabello, puede ser que se encuentre de nuevo con su nueva amiga.
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